De compañero a jefe: la promoción que nadie te advierte que duele
Jose Echeverri |
Mi primera vez como gerente fue una mezcla extraña entre orgullo profesional y soledad social. Pasé de ser “uno más del equipo” a convertirme, casi de un día para otro, en “el jefe” de mis propios compañeros. Algunos eran amigos. Otros… bueno, digamos que no estaban
en mi lista de invitados ideales.
Mi primer gran error fue ingenuo y bien intencionado:
“Tranquilos, aquí no va a cambiar nada.”
Spoiler: todo cambió.
Dejaron de invitarme a ciertas reuniones informales.
Cuando me acercaba a un grupo conversando, cambiaban de tema como si yo fuera la
Auditoria caminando sin avisar.
Y el golpe final: tuve que empezar a exigir resultados, dar feedback incómodo y tratar de
forma justa incluso a quienes no me caían muy bien. Ahí entendí algo clave: la cercanía y
el respeto rara vez sobreviven sin tensión.
El nuevo poder y la nueva incomodidad
Sí, tienes más poder.
Pero no viene con manual.
Lo que dices pesa más.
Tus antiguos pares ya no buscan solo ideas: esperan respuestas.
Y aquí está la trampa:
- Si intentas seguir siendo “uno del equipo”, frustras a todos.
- Si te conviertes en mini dictador con hambre de validación, tampoco funcionas.
La transición de contribuyente individual a líder no es natural. Es aprendida. Y muchas
veces, mal aprendida.
📊Dato incómodo: según estudios de Gartner, cerca del 60% de los nuevos gerentes
fracasan o tienen serias dificultades en su primer año, no por falta de talento técnico,
sino por no desarrollar habilidades de liderazgo, influencia y gestión de personas.
El dilema clásico: ¿amistad o resultados?
Este rol te obliga a aceptar algo incómodo: no estás ahí para caer bien.
Estás ahí para liderar.
Y liderar implica tomar decisiones impopulares, poner límites y sostener conversaciones
que preferirías evitar.
El problema aparece cuando fingimos que nada cambió.
Cuando evitamos “matar al elefante” que ya se sentó en la sala.
Estrategias para sobrevivir:
No hay fórmula mágica, pero estas prácticas te pueden ayudar:
- Sé humilde: te vas a equivocar. Admítelo rápido. El ego es un pésimo asesor en
el primer año. - Comunica sin disfraces: crea espacios formales e informales para hablar de lo
incómodo. El silencio solo genera historias falsas. - Aclara expectativas: prioridades, métricas, reglas del juego. La ambigüedad mata
más equipos que los errores. - Marca límites conscientes: ya no eres “el amigo de todos”. Y está bien. La
equidad genera más respeto que la complicidad. - Cuida tus palabras: ahora tus opiniones pesan. Incluso cuando “solo comentas”.
- Aprende a delegar: tu rol ya no es hacer todo, sino lograr resultados a través de
otros. Si no delegas, no lideras. - Lidera con ejemplo: calma en la crisis, foco en resultados y cuidado real del
equipo.
Ser promovido para liderar a tus antiguos pares es raro.
Incómodo.
Emocionalmente torpe.
No siempre serás el más popular.
Pero si lo haces bien, serás respetado.
Y eso —aunque duela— vale mucho más.
🌨️Pregunta final, sin anestesia:
¿Estás dispuesto a perder comodidad social para ganar credibilidad como líder… o
prefieres seguir siendo “buena gente” con malos resultados?