La mayoría de los empleados no confía en sus líderes.

Jose Echeverri |

La mayoría de los empleados no confía en sus líderes.

La mayoría de los empleados no confía en sus líderes.

Recuerdo el día que recibimos los resultados globales de la encuesta de compromiso en una empresa donde trabajé. El número general era positivo, todos sonriendo, café en mano. Pero cuando la consultora empezó a desglosar el detalle, la cara del equipo directivo fue cambiando de colores en tiempo real, como un semáforo mal calibrado.

Mientras el resultado general llegaba al 70%, la calificación de liderazgo apenas superaba el 50%. Ahí vimos la cruda realidad: una cosa era lo que nosotros creíamos que proyectábamos, y otra muy distinta lo que nuestros equipos realmente vivían bajo nuestro liderazgo. Pero lo que de verdad nos bajó de la nube fue el nivel de confianza: bajo, sostenido, y sin ninguna intención de subir por sí solo.

La confianza es de esos activos que se dan por hechos hasta que un consultor con una diapositiva te muestra que nunca existió.

Y no fue un caso aislado ni un mal día nuestro. Una encuesta de Gartner a más de 3.500 empleados encontró que menos de la mitad (48%) confía en sus líderes senior. El dato pesa, porque la confianza no es un tema de «buen ambiente»: es lo que define si una organización aguanta o se desmorona cuando llega la próxima crisis. Y siempre llega.

Tres comportamientos que hacen colapsar la confianza (y que probablemente ya viste esta semana)

  • Ocultar información: reduce la confianza en un 20%, cuando los empleados sienten que no les cuentan la historia completa. Spoiler: siempre se enteran de la historia completa, solo que seis meses después y de la peor fuente posible.
  • Buscar culpables: reduce la confianza en un 30%, cuando el líder decide que «fue el mercado» o «fue el otro equipo». Es el clásico arte de anunciar victorias en primera persona y derrotas en tercera.
  • Retractarse de decisiones: reduce la confianza en un 20%, cuando el líder cambia de rumbo sin explicación. Nada inspira menos seguridad que un capitán que gira el timón cada lunes.

Cuatro acciones que sí construyen confianza

  1. Identificar y atender los déficits de confianza. Medirla de forma regular —encuestas, grupos focales— y, lo más difícil de todo, comunicar los resultados con honestidad, incluso cuando duelen.
  2. Ser transparente en la toma de decisiones. Los empleados confían 4.3 veces más en líderes que explican el porqué de una decisión: qué la motivó, qué criterios se usaron, qué otras opciones se consideraron. El silencio no protege al líder, solo entrena al equipo a imaginar lo peor.
  3. Facilitar el diálogo abierto. La confianza se multiplica 6.5 veces cuando el líder muestra interés genuino por lo que le importa a su gente. Un town hall real, no de libreto, vale más que cualquier comunicado bien diseñado.
  4. Invertir en el desarrollo de habilidades del líder. Escucha activa, comunicación transparente y decisiones éticas no vienen de fábrica. Se entrenan, con mentoría, coaching y práctica constante, como cualquier otra competencia que sí tomamos en serio.

Construir confianza organizacional es, hoy, uno de los retos más exigentes del liderazgo, precisamente porque no hay atajos ni frase bonita que la reemplace. Los líderes que explican sus decisiones sostienen su palabra y rinden cuentas de forma constante, terminan con equipos que no solo los siguen: confían en ellos incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

Y esa, al final, es la única encuesta que de verdad importa.