Cuando tu mejor talento pide un ascenso… y no hay a dónde ascenderlo
Jose Echeverri |
Hace poco, un jefe llegó a mi oficina visiblemente preocupado. Su mejor persona le estaba pidiendo un ascenso.
El problema: no había ninguna posición vacante.
Para proteger su privacidad, llamémosla Carla.
Carla tenía una carrera impecable dentro de la compañía: promociones cada 18 meses, resultados consistentes, credibilidad ganada a pulso. Su historia era el sueño de cualquier área de talento… y, al mismo tiempo, el inicio de un conflicto anunciado.
Porque cuando el desempeño crece más rápido que la estructura, las expectativas empiezan a chocar con la realidad.
El elefante en la sala: cada vez hay menos “arriba”
Esto ya no es un caso aislado. Es una tendencia.
Las organizaciones se han ido achatando. Hay menos niveles, menos cargos gerenciales y, por definición, menos sillas cuando se sube en la pirámide.
📊 Dato incómodo: según Deloitte, más del 70 % de las organizaciones ha reducido niveles jerárquicos en la última década.
📊 Y LinkedIn Workforce Report muestra que la movilidad vertical ha caído, mientras aumentan los movimientos laterales y diagonales.
Pero el imaginario colectivo sigue intacto:
“Si eres bueno, subes.”
“Si no subes, algo anda mal.”
Y claro… queremos algo que se vea bien en @LinkedIn
Ojalá con un título largo, en spanglish, y que suene a éxito, aunque el trabajo sea el mismo de siempre.
El verdadero desafío del líder: gestionar expectativas sin vender humo
Aquí aparece una de las partes más difíciles del liderazgo: cerrar la brecha entre expectativas y realidad sin perder al talento en el camino.
Entonces, ¿qué hacer cuando el siguiente paso “natural” no existe?
1. Sinceridad radical (aunque incomode)
Evitar la conversación o prometer lo que no existe es la peor estrategia.
Las personas inteligentes, como Carla, ya saben que no hay posiciones abiertas.
Tu rol no es disfrazar la realidad, sino explicarla con contexto:
- Por qué la estructura tiene límites
- Hasta dónde puede crecer el salario sin ampliar responsabilidades
- Que el techo es organizacional, no una evaluación de su desempeño
Inventar cargos nuevos para hacer lo mismo solo crea frustración con tarjeta de presentación.
Y sí, hay que escuchar la molestia. No minimizarla. No justificarla. Acompañarla.
2. Cambiar la pregunta: del “¿cuándo me ascienden?” al “¿cómo quiero crecer?”
Después del golpe de realidad, viene el espacio para las preguntas correctas:
- ¿Qué partes del negocio le generan curiosidad?
- ¿Qué habilidades quiere desarrollar?
- ¿Qué tipo de desafíos la motivan hoy?
La frustración, bien canalizada, puede convertirse en foco.
Mal gestionada, se convierte en desconexión silenciosa.
3. Diseñar desarrollo, no solo promociones
Aquí empieza el liderazgo estratégico:
- Movilidad lateral o diagonal
- Proyectos locales o globales
- Mayor visibilidad frente a comités directivos
- Más exposición en decisiones clave
⚠️ Advertencia honesta: ampliar responsabilidades sin reconocimiento ni sentido es solo más trabajo disfrazado de desarrollo.
4. Leer las señales antes de que sea tarde
Cuando el talento se empieza a ir, no siempre avisa con una carta. A veces avisa con:
- Silencio en reuniones
- Participación mínima
- Desconexión emocional
📊 Dato clave: Gallup estima que el quiet quitting afecta a más del 50 % de la fuerza laboral global. No renuncian… pero ya no están.
Ahí el líder tiene que decidir rápido: acompañar la transición de forma madura o perder el talento sin entender por qué.
El punto más incómodo (y más importante)
El talento no es “mío” ni “de mi equipo”.
Es de la organización… y de su propia vida.
He visto líderes bloquear movimientos internos porque “si se va, me deja un hueco”.
Y sí, lo deja.
Pero bloquear su crecimiento suele terminar en perderlo del todo.
Nuestro rol no es retener a toda costa.
Es acompañar el desarrollo, ojalá dentro de la empresa… y, a veces, fuera de ella.
Porque liderar también es aceptar que algunas personas no se quedan.
Pero se van creciendo. Y eso también habla bien de ti.
La pregunta no es si tu mejor talento va a pedir crecer. La pregunta es:
¿Estás preparado para tener esa conversación sin mentir, sin prometer y sin aferrarte?
Ahí empieza el liderazgo adulto.