El poder de lo simple
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Confieso que soy un fan obsesivo del poder de lo simple.
Y también confieso que en las organizaciones eso a veces me convierte en sospechoso. Porque el lema corporativo no escrito suele ser: “¿Para qué hacerlo fácil si podemos hacerlo difícil, con comité, acta y tres firmas del Olimpo?”
He visto procesos tan enredados que el problema inicial era pequeño… pero el procedimiento para resolverlo parecía tesis doctoral.
Formatos que nadie lee.
Aprobaciones que nadie entiende.
Reuniones para explicar la reunión anterior. Y lo peor: todos actuando como si eso fuera “madurez organizacional”.
El costo de la complejidad en las organizaciones
La realidad es más cruda.
Según un estudio de McKinsey, las empresas complejas pueden perder hasta un 20–30 % de su productividad por procesos innecesarios y burocracia interna.
Sí, estamos perdiendo una tercera parte de nuestra energía… pero con mucho orden.
Simplificar: El verdadero reto del liderazgo
La verdadera sofisticación no está en complicar los procesos, sino en destilarlos hasta su esencia.
En liderazgo, simplificar es un acto de valentía.
Implica claridad mental.
Implica disciplina.
Implica renunciar al ego que necesita demostrar que lo complicado es más inteligente.
Porque cualquiera puede complicar algo. Se necesita carácter para hacerlo simple.
Y por eso deberías preguntarte: ¿Estás agregando valor… o estás agregando pasos?
Al final, cualquier tonto puede hacer complejo cualquier cosa. Se necesita un genio para hacerlo simple.