Mi récord de embarradas (y lo que me enseñaron sobre liderar)
Jose Echeverri |
Mi proceso de liderazgo ha sido entretenido.
Y cuando digo entretenido, me refiero a que ha tenido de todo: aciertos, decisiones difíciles y un récord bastante respetable de embarradas.
De hecho, si le preguntas a la gente que ha trabajado conmigo, seguro te pueden armar una lista con anécdotas que hoy dan risa… pero en su momento no tanto.
Porque liderar no es un manual.
Es un proceso.
Y, en muchos casos, un proceso incómodo.
Sigo aprendiendo.
Pero hay algunas cosas que, después de varios golpes (bien merecidos), me han funcionado de manera consistente.
No son fórmulas mágicas. Son decisiones.
1. La confianza no se pide… se da (aunque duela)
Cada vez que llego a un nuevo rol, no empiezo revisando indicadores. Empiezo construyendo confianza.
Un entorno donde la gente pueda hablar, equivocarse, proponer y actuar sin miedo.
Sí, la confianza implica riesgo.
Y sí, me he equivocado confiando en personas.
Pero aquí está el punto: prefiero equivocarme por confiar que acertar desconfiando de todo el mundo.
Porque cuando la confianza no existe, lo único que crece es el silencio.
Y los equipos silenciosos no son equipos sanos… son equipos resignados.
2. El talento no falta… lo que falta es verlo bien
Estoy convencido de algo: todas las personas tienen un talento.
El problema es que muchas veces están en el lugar equivocado… haciendo lo que pueden, no lo que saben hacer mejor.
Por eso, mis primeros 90 días no son para demostrar que sé. Son para entender.
Entender quién es cada persona más allá del cargo.
Su historia. Sus motivaciones. Lo que le importa.
Y casi siempre pasa lo mismo: descubro talento escondido en posiciones donde no puede brillar.
Mover a alguien al lugar correcto no es solo una decisión organizacional. Es un acto de liderazgo.
3. No lideras equipos… lideras futuros
Cuando la confianza está y el talento empieza a alinearse, viene la parte que más disfruto: construir futuro.
No el del PowerPoint. El real.
El que conecta lo que quiere la compañía con lo que quiere la gente.
Sentarnos a hablar de sueños —sí, sueños— sigue siendo una de las conversaciones más subestimadas en las empresas.
Porque cuando una persona ve que puede crecer ahí, que puede construir algo propio dentro de un equipo deja de trabajar por obligación y empieza a comprometerse por decisión.
Y eso cambia todo.
Lo que no te dicen del liderazgo
Liderar no es tener todas las respuestas. Es hacer mejores preguntas.
No es evitar errores. Es aprender más rápido de ellos.
No es controlar a las personas. Es crear las condiciones para que puedan dar lo mejor de sí.
Después de todas las embarradas (y de las que seguramente vienen), hay algo que tengo claro:
El liderazgo no se trata de hacerlo perfecto. Se trata de hacerlo consciente.
Porque al final, no te recuerdan por los indicadores que lograste…
te recuerdan por lo que hiciste sentir a las personas mientras los lograbas.