El Diccionario Corporativo de la Evasión.
Jose Echeverri |
El mundo corporativo tiene su propio idioma. No es español, no es inglés, no es mandarín. Es algo más sofisticado: es el lenguaje universal de la persona que no quiere cambiar nada pero tampoco quiere que se le note.
Llevo años llegando a compañías de distintos países e industrias, y hay algo que nunca falla: las mismas frases, los mismos gestos, los mismos silencios incómodos. Es como si existiera un curso obligatorio de inducción que nadie menciona pero todos aprueban. Algo así como «Introducción a Decir Mucho Sin Comprometerse con Nada: nivel corporativo avanzado.»
Si alguien se anima a escribir ese libro, que me avise. Tengo suficiente material para tres volúmenes y un apéndice.
Frase #1: «Eso ya lo intentamos y no funcionó»
Esta es mi favorita. Tiene el mérito de combinar pesimismo histórico con pereza prospectiva en apenas ocho palabras. Un logro, si se piensa bien.
Traducción real: «Yo no quiero explorar si hay una manera diferente de hacer las cosas, y voy a usar el pasado como coraza para no tener que explicarlo.»
Nótese que nadie pregunta cuándo se intentó, quién lo intentó, con qué recursos, en qué contexto o con qué nivel de compromiso genuino. El fracaso corporativo pasado se convierte en ley universal presente. Como si Edison hubiera dicho «ya intentamos encender una bombilla y no funcionó» y todos hubieran asentido y vuelto a sus velas.
El equivalente doméstico sería no volver a cocinar porque una vez se quemó el arroz.
Frase #2: «Todos dicen…»
Cuando llego a una organización, invierto tiempo en conocer personas, hacer preguntas y escuchar. Y ahí aparece, la frase favorita del corporativo latinoamericano: «Todos dicen que la gente se está yendo porque está muy aburrida.»
Mi respuesta habitual: «Interesante. Pero si la rotación está por debajo del 2% y la encuesta de clima supera el 85% de favorabilidad, ¿a quiénes específicamente te refieres con ‘todos’?»
Silencio. Profundo. Existencial.
«Todos» es la figura retórica favorita de quien quiere imponer una agenda personal sin la incomodidad de defenderla con argumentos. Es el escudo perfecto: anónimo, colectivo, imposible de refutar. «Todos dicen» puede justificar desde llegar tarde al trabajo, «es que el tráfico, todos lo saben», hasta bloquear una transformación estratégica completa.
La próxima vez que alguien le diga «todos dicen», pregúntele los nombres. El silencio que sigue es proporcional al tamaño de la agenda oculta.
Frase #3: «Los expertos dicen…»
Esta aparece con especial frecuencia cuando se propone desarrollar algo nuevo. Un producto, un proceso, una idea. Y entonces llega el combo devastador: «Los expertos dicen que hay que cumplir con toda la documentación.» Seguido de un maletín invisible lleno de políticas, formularios y procedimientos creados en una época en que internet no existía, los clientes se llamaban por teléfono fijo y «la nube« era solo un fenómeno meteorológico.
Los expertos, en este contexto, son figuras abstractas y convenientes. No tienen nombre. No se les puede pedir que vengan a la reunión. Simplemente dicen, desde algún lugar etéreo, que todo cambio es peligroso.
El Bonus Track: el resto del diccionario
Porque tres frases se quedan cortas. El idioma corporativo de la evasión tiene vocabulario amplio y fértil:
«Hay que alinearse» Traducción: Necesito más reuniones para decidir si vamos a tener más reuniones.
«Démosle otra pensada a ese tema» Traducción: Este tema ha muerto. Lo estamos enterrando con honores.
«Hagámosle double-click a eso» Traducción: No entendí nada pero tampoco lo voy a admitir.
«No tengo el tiempo en este momento» Traducción: No quiero hacerlo, pero prefiero culpar a mi agenda.
«Vamos a llevarlo a otro espacio» Traducción: Estás diciendo algo incómodo y necesito que pares.
«It is what it is» Traducción: Me rendí pero lo digo con filosofía zen para que suene profundo.
Si usted reconoció al menos cuatro de estas frases en su última semana laboral, este artículo es para usted. Y si las reconoció todas, considere la posibilidad de que usted también las use, cosa que no le reprocho: todos lo hacemos. Yo incluido.
Entonces, ¿qué hacemos?
Hay esperanza. Pero requiere algo que el corporativo promedio evita como el ajo a los vampiros: datos, paciencia y la disposición de argumentar con evidencia en vez de con frases hechas.
Primero: Cuando escuche «todos dicen», pregunte quiénes son ese todos. Nombres, cargos, contextos. La frase se desinfla en segundos ante una pregunta concreta.
Segundo: Cuando escuche «ya lo intentamos», pregunte cuándo, cómo y qué ha cambiado desde entonces. El mundo ha cambiado. Las herramientas no son las mismas. El equipo no es el mismo. El contexto no es el mismo.
Tercero: Construya el caso con números. No para ganar una discusión, eso irrita, sino para abrir una conversación diferente. Los datos no convencen solos, pero sí derriban el argumento de la opinión disfrazada de verdad colectiva.
Cuarto: Entienda que la resistencia no siempre es mala fe. El principal motor de la resistencia al cambio es la desconfianza, 41%, seguido de la falta de claridad sobre el por qué del cambio, con un 39%. La gente no se resiste al cambio. Se resiste a la incertidumbre. Son cosas distintas y se tratan diferente.