Procrastinar decisiones: el camino a la improductividad.

Jose Echeverri |

Procrastinar decisiones: el camino a la improductividad.

Salimos de la sala de juntas con la claridad de objetivos y acciones que debíamos ejecutar. Volvimos a las oficinas y en pocos minutos hablaba con varios pares sobre decisiones urgentes que había que accionar de inmediato. Entonces uno de ellos, fingiendo sabiduría corporativa, me lanza: — ¿Y no conoces la regla de las 48 horas?

Me quedé en shock. “¿Qué regla?”, respondí con esa sonrisa que evidenciaba mi ignorancia.

Según esa regla no escrita, antes de ejecutar una decisión hay que esperar 48 horas. Supuestamente para “madurarla”. Pero lo que realmente ocurre es un desfile de tokens expirados (como cuando haces una transferencia bancaria y el PIN se vuelve inútil en 30 segundos), decisiones que cambian de dueño, de ánimo, de urgencia. Una parálisis envuelta en burocracia y excusas.

Y ahí empezamos con la procrastinación disfrazada de prudencia.

Procrastinar decisiones: un virus silencioso en las organizaciones

La procrastinación en la toma de decisiones, especialmente cuando la ejerce un líder, no es un asunto trivial. No afecta solo al “procrastinador”, sino a todo el equipo. Un estudio de Research Gate encontró que cuando los líderes postergan decisiones, aumenta la
frustración, bajan la innovación y se dispara la desmotivación.

No es casualidad: la demora crónica genera ambiente de incertidumbre, alimenta el miedo al error y mina la confianza. No es solo “dudar”; es dañar el ritmo, el compromiso y la credibilidad.

Además, la procrastinación prolongada deteriora la salud emocional. Postergar decisiones significa posponer resolución, cerrar ciclos, moverse hacia adelante. Eso se traduce en estrés, insatisfacción y desgaste.

Tres rostros de la procrastinación… que probablemente te suenen:

  • El Perfeccionista: No decide hasta que todo esté “perfecto”. El error lo aterra.
    Resultado: paralizado como estatua.
  • El AutoSaboteador: Sabe lo que tiene que hacer, pero le gana el miedo de
    empezar. Se queda en la queja, mientras las oportunidades pasan.
  • El Adicto al Caos: No es que espera claridad; necesita presión. Le gusta el caos
    porque le recuerda que está vivo. Lo confunde con adrenalina.

Si te dio risa nerviosa… felicidades: probablemente ya estás en la fila.

Pero hay luz, cuando decides actuar.

Tomar decisiones no es un acto heroico: es un acto de responsabilidad. Es asumir que el liderazgo no es un título, es una serie de elecciones (algunas fáciles, otras dolorosas) que mueven la organización, que le dan ritmo, que construyen dignidad.

Y si decides parar la procrastinación, ganarás credibilidad, respeto y un equipo que sabe que cuando dices “ya”, realmente significa ya.

Si quieres empezar hoy, aquí van 5 tips:

  1. límite explícito: define un plazo máximo (48 horas suena respetable, pero
    evita que se diluya). Después de eso: decidir o descartar.
  2. Evalúa costos de no decidir:lo que no se decide tampoco es gratis. Mayor
    estrés, oportunidades perdidas, desgaste de equipo.
  3. Comunica sin rodeos:Utiliza la sinceridad radical para informar a tu equipo la
    decisión con claridad y de manera oportuna.
  4. Cultiva tolerancia al error inteligente:mejor un pie adelante que un discurso
    perfecto pospuesto. El error enseña. El estancamiento destruye.
  5. Haz de la velocidad con juicio un hábito:decisiones rápidas + criterio =
    liderazgo real. Postergar = renunciar silenciosamente al compromiso.

Si ser líder significa mover cosas, empujar procesos, concretar resultados… entonces te
pregunto:

¿Vas a ser recordado como el que siempre aplazaba decisiones o como el que las hacía pasar de promesa a realidad?