El liderazgo no se trata de encontrar el equilibrio. Se trata de sostener la tensión.

Jose Echeverri |

El liderazgo no se trata de encontrar el equilibrio. Se trata de sostener la tensión.

Uno de los errores más comunes de quienes lideramos es creer que nuestro trabajo consiste en encontrar el punto de equilibrio perfecto en cada decisión y en cada conversación con el equipo.

Spoiler: ese punto no existe, lo que sí existe y todos los días, son tensiones.

Lo aprendí después de la pandemia, cuando las compañías empezamos a volver con modelos híbridos: un par de días en casa y el resto en la oficina. Recuerdo a un vicepresidente que quiso hacer lo correcto y dio libertad a cada jefe para gestionar la nueva forma de trabajar.

No pasó mucho tiempo antes de que llegaran las quejas: algunos empleados habían confundido «trabajo remoto» con «día libre». Y como la realidad siempre supera a la ficción, aparecieron jefes muy creativos que aprovechaban el día remoto para jugar torneos de tenis y salir en bicicleta de montaña en pleno horario laboral. Técnicamente estaban conectados… a Strava.

¿El error fue dar libertad? No, fue irse al otro extremo y controlar cada minuto habría sido peor: micro gerencia con otro nombre. El error fue creer que había que elegir. La libertad sin disciplina se convierte en anarquía, y la disciplina sin libertad, en un cuartel.

No es libertad o disciplina. Son ambas y sostener las dos al mismo tiempo es justamente el trabajo del líder.

Por qué el equilibrio es una trampa

La presión sobre quienes lideran no deja de crecer. Gartner encontró que el gerente promedio tiene hoy un 51% más de responsabilidades de las que puede gestionar eficazmente. En ese contexto, buscar el equilibrio perfecto es como intentar meditar en medio de un incendio.

La buena noticia es que no hace falta. Un estudio publicado en el Academy of Management Journal (Zhang y colegas, 2015) analizó a líderes que sostienen paradojas en lugar de resolverlas: exigen estándares mientras permiten flexibilidad, y conservan el control de las decisiones mientras dan autonomía. Sus equipos resultaron más competentes, más adaptables y más proactivos.

Las cinco tensiones que todo líder carga en la mochila

  • Resultados y relaciones. Exigir la meta sin dejar heridos en el camino. Es revisar los indicadores con lupa en la mañana y en la tarde, sentarte con quien está pasando por un mal momento. Si solo miras números, tienes un equipo que cumple con miedo. Si solo cuidas la relación, tienes un club de amigos con pérdidas.
  • Apoyo y desafío. Acompañar sin sobreproteger. Es dar herramientas y al mismo tiempo, subir la vara. Mucho apoyo sin reto es una guardería. Mucho reto sin apoyo es tirar a la gente a la piscina para ver quién sabe nadar.
  • Valentía y amabilidad. Decir la verdad incómoda sin humillar a nadie. Es dar esa retroalimentación que llevas tres semanas aplazando, con respeto y en privado. La valentía sin amabilidad es crueldad. La amabilidad sin valentía es mentir con una sonrisa.
  • Responsabilidad y flexibilidad. Ser firme en el qué y flexible en el cómo. Los compromisos se cumplen, pero el camino se puede ajustar cuando cambia el contexto. Sin flexibilidad, el equipo se rompe. Sin responsabilidad, todo es negociable, incluso la fecha de entrega.
  • Libertad y disciplina. Dar autonomía para decidir cómo trabajar, con reglas claras sobre qué se espera y cómo se mide. Es la lección de los jefes tenistas: confiar no es desentenderse.

Donde se juega la cultura

Gestionar estas tensiones es de lo más difícil del liderazgo, porque obliga a tener conversaciones incómodas, poner límites y ser claro con las expectativas. Implica acordar las reglas de juego del equipo antes de que alguien decida inventarse las suyas.

Y esos momentos moldean la cultura más que cualquier valor pegado en la pared. La gente no lee el código de ética: lee lo que toleras. Si permites un mal comportamiento, el equipo entiende que eso es lo que se premia, y lo replicará más rápido de lo que te imaginas. Si sostienes las tensiones con coherencia, todos sabrán cómo comportarse y ese se volverá el ADN cultural que el equipo cuida incluso cuando no estás mirando.

No vas a acertar siempre

Nadie lo hace. Habrá días en que te inclines demasiado hacia los resultados y otros en que seas demasiado flexible. Así funciona la tensión, lo importante darte cuenta de hacia qué lado te estás yendo y corregir el rumbo a tiempo.

Al final, el equilibrio es para los equilibristas de circo y ellos por lo menos tienen red, los líderes no.

Tu equipo no aprende de lo que dices en el town hall, aprende de lo que dejas pasar un viernes a la 1 de la tarde.

Así que mírate al espejo y pregúntate: ¿hacia qué lado de la cuerda te estás inclinando hoy?